No sé tu sexo, ni tu rostro, ni sé cómo ni dónde vives, pero   te quiero.  Con tu madre, ese fatídico año, intentamos rastrearte, éramos muy jóvenes y no teníamos idea de lo que significaría tu ausencia. Luego de dificultades en el parto, sabíamos que algo andaba mal. Sin embargo, mi atención se fue hacia tu madre, que había pasado días medicada en urgencia. Te fuiste de un día para otro, así, sin más. Las explicaciones no llenarán el vacío de la duda ni el deseo de verte, aunque tan solo sea para ver lo grande que estás.

 

¿Qué le diría su hijo si tuviera contacto con él?