Con el tiempo me di cuenta que yo era distinto. Mis padres eran de tez blanca y pelo claro, y yo tenía el cabello y la piel oscura. En Holanda tenía una vida agradable, pero aún así habían cosas que me hacían pensar que yo no pertenecía allí. Cuando supe que era adoptado todo me hizo sentido, rápidamente te busqué y logré dar contigo, en Chile. Aunque fueron tan solo unos minutos que las monjas me permitieron estar contigo, nos dijimos todo con una mirada. No importó el idioma y que fuéramos unos desconocidos, pude conocerte y ver en tus ojos que me extrañaste.